GOOD BYE, LENIN! (2003) SPOILER

¿Qué está dispuesto a hacer un hijo por su madre? Lo que haga falta. Esta es la situación que se describe en la película, aunque haya que mentir y convencer a vecinos y conocidos para que representen un papel a conveniencia de los ideales arruinados por la realidad de los acontecimientos políticos.

La madre de Alex Kerner (Daniel Brühl) cae en coma unos meses antes de la caída del muro de Berlín. Cuando recobra la consciencia, el médico le pide a Alex que le proporcione una estabilidad de ánimo incompatible con los acontecimientos políticos acaecidos en la República Democrática de Alemania.

Christiane (Katrin Sass) es una mujer convencida hasta la médula de las bondades del régimen socialista. Para Alex, la peor noticia que puede recibir es conocer que el muro ha caído y que, con gran alborozo de los berlineses, el régimen de la RDA ha caído para dejar que el capitalismo se apodere de las costumbres de los orientales.

Para evitar producirle un segundo infarto, Alex convertirá la habitación de su madre en una isla donde nada ha cambiado. Se ocupa de proporcionarle todos los productos de consumo con los que Christiane disfrutaba, mantiene el viejo mobiliario que su hermana pretendía renovar con muebles de IKEA y le pide a un compañero de trabajo que elaboren unos informativos falsos para explicar lo bien que marcha el país bajo el régimen comunista.

La retórica de estos mensajes se acerca a la que Christiane mantenía antes de su accidente cerebral. Pese a que mantenía una lealtad incuestionable con el régimen, ayudaba a mejorarlo escribiendo cartas de denuncia ante cualquier injusticia. La única falsedad descrita en la película es la que mantiene Alex para evitarle a su madre el disgusto de conocer cómo ese régimen que mantenía la felicidad de su familia y del país entero ha caído para dejar paso a unos hábitos de consumo desprovistos de cualquier principio social.

Pero Christiane sorprende a todos cuando confiesa que en realidad ella les ha engañado durante todo ese tiempo. El padre, que, supuestamente, les había abandonado para huir a Alemania Occidental y rehacer su vida al modo capitalista, en realidad tenía un plan para agrupar al resto de su familia pero ella no se atrevió a secundar.

Esto deja a Alex y a su hermana absolutamente confundidos, porque su sentimiento socialista, su arraigo comunista, dependía, en última instancia, de su amor por su madre. De modo que, cuando ella fallece, les queda un vacío que debió de ser similar al que muchos experimentaron cuando colapsó la Unión Soviética, porque, al fin y al cabo, la patria es un sentimiento de pertenencia a unos valores que todos hemos absorbido de pequeños, especialmente a través de nuestras madres.

@Salenko1960

 

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