Tercera singladura, Brezhnev – Nixon 1969 1974

SITUACIÓN PREVIA

En el año 68, la situación en la URSS se había consolidado tras el golpe que derrocó a Jrushchov, en EEUU se presentaba a las elecciones presidenciales un viejo conocido del partido republicano, nuestro protagonista Richard Nixon. Mientras que en Europa se producen las manifestaciones de descontento obrero-estudiantil conocidas como “el mayo del 68”, su correlato en la zona oriental se convierte en un frente por el pluralismo que busca abrir una brecha que permita la libre expresión de ideas rompiendo el monolitismo del partido único, hasta que Brezhnev acabe manu militari con este movimiento.

En China, tras la debacle de la revolución cultural de 1966, se empieza a forjar un sentimiento antisoviético que se ve respaldado por la actuación de Brezhnev en Checoslovaquia y su justificación moral “cuando hay fuerzas que son hostiles al socialismo y tratan de cambiar el desarrollo de algún país socialista hacia el capitalismo, se convierten, no sólo en un problema del país concerniente, sino en un problema común que concierne a todos los países comunistas”. Uno de los clientes soviéticos en Asia es Vietnam, donde la guerra se ha intensificado sin que se produzca un avance reconocible de las fuerzas norteamericanas.

Al contrario, la población estadounidense se manifiesta en contra de esta guerra que expone al sufrimiento y a la muerte a la población más joven y de clase humilde. Nixon promete en campaña acabar con ella. Otro asunto interno era el desarrollo de los derechos civiles que habían sido otorgados por el presidente Johnson pero que no significaron el final de los asesinatos ni de los disturbios, fueron años de agitación social que movilizaron a los votantes republicanos.

En la carrera espacial, EEUU toma la delantera con el proyecto Apollo, mientras que en la URSSS fallece en 1966 el ingeniero jefe de su proyecto espacial, Serguéi Koroliov. Desde ese momento se suceden los fracasos misilísticos más significativos, lo que no impide que el régimen soviético alcance la paridad en armamento nuclear con los EEUU.

EL PERFIL DE BREZHNEV

De orígenes humildes, Leónidas Brezhnev accede al poder con 57 años, es el primer comandante en jefe educado en parte dentro del comunismo. Se le considera un estalinista, aunque no continuó fidedignamente con la política de Stalin porque las circunstancias eran distintas. Le toca vivir la Gran Guerra Patria como oficial porque se mantuvo fiel al ideario del partido, la guerra le trasforma profundamente pero no acaba con su carácter jovial y entusiasta. De su padre asume los males del fascismo, convirtiendo un dicho suyo en un asunto recurrente para su desempeño político, lo llamaron “el sermón de la montaña”.

Cuando fue nombrado Secretario General casi nadie esperaba mucho de él, tan solo que acabase con las incongruencias de su antecesor. Buscó una asociación de conveniencia y la encontró en las figuras de Andrei Gromiko (Ministro de Exteriores) y de Yuri Andropov (Director del KGB). Como línea estratégica, se propuso evitar la guerra con EEUU a toda costa y buscar el reconocimiento internacional.

Los tiempos en los que la dirección autoritaria era inevitable dentro de un sistema rígido habían pasado, dentro del Politburó (nombre con el que se volvió a nombrar el máximo órgano de gobierno en la URSS) cabían distintas posturas. Una de ellas era la de los militares radicalizados, partidarios de una confrontación directa con el Capitalismo y con los más moderados. Las discusiones eran “a cara de perro” y el papel del líder era más propio de un apaciguador que de un dictador. Ese papel le encajaba perfectamente a Brezhnev porque detestaba los enfrentamientos y los extremismos.

Durante la crisis de Checoslovaquia en 1968, se vio un Brezhnev muy inseguro, con temblor en las manos. De esa época se deriva su afición a tomar tranquilizantes, lo que acabaría siendo un hábito devastador para su salud.

Para promocionar su imagen en el exterior, cultivó una provechosa relación con Willy Brandt (Canciller de la RFA) y acabaron siendo amigos, hasta el punto de celebrar la caída de Walter Ulbricht al frente de la RDA. Acabaron firmando un pacto de no agresión y propiciaron un acuerdo de colaboración entre las dos Alemanias.

En relación con los EEUU, apoyó la retirada de Vietnam y trató con mucha deferencia al consejero de seguridad nacional Henry Kissinger, lo que favoreció la distensión entre las dos superpotencias. Mientras que en política interna se mantuvo siempre como un obstinado antirreformista. En su relación con Nixon, hubo un alto grado de entendimiento debido a que Brezhnev se encontraba en plena forma y mostró todas sus habilidades como negociador. Las personalidades de ambos acabarían coincidiendo progresivamente.

Como líder, tomó conciencia de sus limitaciones y compensó su inseguridad con su proyecto de distensión, lo que le llevó a lograr un apoyo abrumador en el pleno de abril de 1973. Podemos considerar que Brezhnev fue un paso necesario para la transición a Gorbachov.

EL PERFIL DE NIXON

Richard Nixon provenía de una familia humilde y muy religiosa de California, era el segundo hijo varón, pero su hermano murió debido a una enfermedad pulmonar. Desde pequeño aprendió el valor del esfuerzo y el sacrificio y destacó por su gran tesón en los estudios. Tuvo que conformarse con estudiar Derecho en una universidad modesta, aunque, si hubiese tenido dinero suficiente, podría haber entrado en Harvard. Esta característica de tener que competir con hijos de papá a los que se les abren todas las puertas, le acompañaría en buena parte de su carrera política.

Su carácter competitivo le llevó a jugar al fútbol americano, pese a que no disponía de un gran físico, compensaba su escasa potencia con una tenacidad a prueba de bombas. Otro aspecto determinante para su carrera es que se alistó en la Armada durante la segunda guerra mundial, para disgusto de su madre, quien, como cuáquera que era, hubiese preferido que mantuviera el pacifismo propio de su religión. Allí aprendió a jugar al póker y destacó por su capacidad de jugar de farol.

En cuanto se le propuso entrar en política, puso de manifiesto que sabía cómo ganar a sus oponentes, manteniéndose centrado en la campaña y mostrándose despiadado en los debates. Destacó por ser un anticomunista convencido, logrando arruinar la carrera de algunos de los que se cruzaron en su camino, incluso deformando la verdad, lo que le hizo merecedor del apodo de Tricky Dick (Richard el tramposo).

Sus carencias a la hora de fomentar unas relaciones sociales saludables le llevaron a no mostrar fácilmente confianza hacia los demás. Desde joven le había costado hacer amigos, aunque siempre fue admirado por su espíritu ganador, pero, cuando desafió a la prensa liberal, todos sus logros se vieron minusvalorados por sus debilidades morales y su tendencia a no ser completamente honesto. Aunque el juicio histórico no resulta favorable para Nixon, dado que fue un presidente que tuvo que dimitir por su mala praxis en el caso Watergate, lo cierto es que hizo cosas muy valiosas para América y para asegurar la paz mundial.

ACONTECIMIENTOS

Pese a que Nixon tenía un pasado claramente anticomunista, en política prefirió ser pragmático. Aprovechó el acercamiento con la URSS para evitar el riesgo de un conflicto directo y para racionalizar el gasto militar que acarreaba la carrera de armamentos y el costosísimo conflicto de Vietnam. Este periodo de acercamiento entre los dos contendientes fue bautizado como “distensión” (detente en francés).

Para acabar con esta guerra, Nixon nombró Consejero de Seguridad Nacional al profesor de Harvard Henry Kissinger. La crítica de éste a la manera en que las anteriores administraciones habían gestionado el asunto de Vietnam le llevó a proponer una compleja solución a tres bandas. Por un lado, había que involucrarse con los chinos para debilitar las vías de suministro del Vietcong, para ello era mejor impulsar las vías diplomáticas. Por otro lado, aprovechar el contexto geopolítico que se creaba con la distensión para acercarse a los soviéticos, debilitar la postura intransigente de los nordvietnamitas y obligarles a ocupar posturas más flexibles en las conversaciones de paz. Por último, negociar con el Vietcong una salida honrosa para el ejército norteamericano que permitiera un régimen anticomunista en Vietnam del Sur.

Nixon no tenía ninguna intención de abandonar el régimen del militar Nguyen Van Thieu pese a tener muy poco de democrático, pero tenía claro que el conflicto tenía que acabar. Hanoi (capital del norte) no aceptaba un Vietnam dividido y consideró la disminución de las tropas norteamericanas un incentivo para no alcanzar acuerdo de paz alguno. Sin anunciarlo públicamente, trató de debilitar al ejército nordvietnamita bombardeando sus bases en la vecina Camboya (la conocida como ruta Ho Chi Minh), esto le predispuso en contra de Kissinger y de los políticos de Washington. El resultado fue contrario a los intereses de EEUU, cuando las tropas se retiraron de Camboya, la mitad del país estaba en manos de los comunistas “jemeres rojos” (mucho más fanatizados que los nordvietnamitas).

Mientras tanto se estaban produciendo ciertos avances diplomáticos en la estrategia triangular de Kissinger. Los chinos presionaron discretamente al Vietcong para que llegasen a acuerdos con EEUU en las conversaciones de París. Al quedar estabilizada la situación militar, Nixon pudo asistir a la cumbre de Moscú, en mayo de 1972 (donde se firmaron los acuerdos SALT). A la vuelta se encontró con el rechazo de Thieu a poner el destino de Vietnam del Sur en las manos de un comité electoral (el Vietcong ya había ocupado zonas del Sur), por otro lado, la paciencia de Kissinger con los nordvietnamitas ya se estaba agotando. Nixon decidió desencadenar los ataques más devastadores durante doce días para obligar a los nordvietnamitas a volver a la mesa de negociación. Su índice de popularidad cayó en picado.

Finalmente, Kissinger y Le Duc Tho resolvieron las diferencias que les separaban (por lo que ambos fueron nominados al premio Nobel de la Paz) y firmaron unos acuerdos de paz que resultaron desastrosos para el gobierno de Vietnam del Sur, Hanoi siguió tan decidido como siempre a conquistar militarmente el Sur (como ocurrió en 1975).

La cumbre de Moscú fue un momento destacado para la distensión. Brezhnev había convertido la idea de paz en su proyecto vital, Nixon estaba dispuesto a admitir el statu quo en la Europa oriental y ambos pretendían poner freno a la carrera de armamentos para aligerar sus gastos de defensa, aunque los dos bandos trataron de amañar la competición.

La doctrina de Richard Nixon estaba basada en la respuesta flexible de Kennedy, EEUU podía hacer una guerra y media pero los aliados debían implicarse más para responder a una agresión convencional. Uno de los obstáculos de las primeras conversaciones fue la idea de incluir o no las armas defensivas en estos diálogos. El tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM) preservó la capacidad de respuesta de las dos superpotencias, al evitar las inspecciones in situ se evitó otro de los obstáculos que se habían dado en el pasado (los satélites espías ya funcionaban con total normalidad). Las conversaciones también incluyeron una serie de medidas económicas que pretendían ampliar los vínculos económicos, se autorizó la compra de cereales norteamericanos, se prometió el pago de la deuda contraída por la compra de armamento norteamericano durante la segunda guerra mundial y se propuso otorgar a la URSS el estatuto de nación más favorecida.

En junio de 1973 se volvieron a reunir los dos líderes en Washington, fue el momento de máximo apogeo de la distensión. Se acordaron medidas para prevenir una guerra nuclear y se establecieron unas consultas urgentes para solucionar las crisis que se pudieran dar. Precisamente este aspecto fue uno de los que hizo saltar por los aires estos acuerdos cuando estalló la guerra del Yom Kippur, en octubre de 1973. Ambos bandos se saltaron la promesa mutua de evacuar consultas antes de actuar. Oriente Próximo siguió siendo una zona de máxima tensión durante el resto de la Guerra Fría.

La oposición a Nixon aprovechó estos acuerdos para minar su reputación como estadista y propusieron una enmienda a la Ley de comercio que prohibía conceder el estatuto de nación más favorecida a un país cuya economía no fuera de mercado. Esta enmienda se relacionó con los impedimentos que ponía el Kremlin a la emigración de judíos desde la URSS a Israel. La votación de esta enmienda supuso una derrota significativa para Nixon y Kissinger llegó a advertir que pondría en riesgo todo el proceso de la distensión. Efectivamente, este incumplimiento llevó al Kremlin a negarse a pagar las deudas contraídas y fue el principio del fin de esta etapa de acercamiento.

Pero Brezhnev también tenía su propia oposición, los conservadores más recalcitrantes del Kremlin veían la distensión como un caballo de Troya que alentaba a los disidentes del régimen. Uno de los más destacados fue Alexander Solzhenitsin, escritor célebre por las obras que había escrito a raíz de la invasión de Checoslovaquia y que desafiaban a los máximos dirigentes. En 1970 le designaron para el Premio Nobel y el autor, a diferencia de Pasternak, decidió aceptarlo. El Kremlin debatió qué hacer con él pero no querían convertirlo en un mártir de las élites culturales. En el verano de 1973 el KGB le confiscó su obra más conocida en Occidente, Archipiélago Gulag. En ella Solzhenitsin describe las torturas a las que fue sometido en un campo de trabajo (gulag) para confesar “lo que no había hecho”, las humillaciones a las que se sometía a los prisioneros para romper su resistencia y convertirlos en seres humanos embrutecidos y desconfiados. Estas prácticas del periodo estalinista él las vivió después de la muerte de Stalin y formaban parte de una cara oculta del régimen de la que no se podía hablar en público. Finalmente, Brezhnev accedió a que se le juzgara, pero Andropov le evitó ese trago logrando que Alemania Occidental le concediese asilo político.

Las carencias de honestidad de Nixon ya empezaban a ocasionarle problemas, uno de ellos fue la elección de un marxista como presidente de Chile y la solución que adoptó para este asunto engorroso, orquestar con la CIA un golpe militar que acabó con la vida de Salvador Allende y la implantación de una dictadura militar en la figura del general Augusto Pinochet. Sin embargo, el obstáculo más importante fue la decisión de ocultar su responsabilidad en el asunto Watergate.

Durante la campaña para su reelección, Nixon decidió tratar este asunto como si se tratase de una guerra, la información se convirtió en una cuestión clave y no dudó en alentar el espionaje del partido demócrata. Cuando los “fontaneros” de la Casa Blanca fueron detenidos en el Hotel Watergate (donde se celebraba la convención demócrata), Nixon negó cualquier relación con este hecho y ganó las elecciones con amplia mayoría. Las investigaciones posteriores fueron descubriendo que la Casa Blanca no era tan inocente como pretendía Nixon, a falta de encontrar la “pistola humeante” en la que el Presidente ordenaba las escuchas, se supo que Nixon grababa casi todas las conversaciones que mantenía con sus colaboradores en el despacho oval. En otras palabras, no se fiaba de nadie.

Las investigaciones periodísticas que se publicaban en el Washington Post (por parte de los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein) minaban la credibilidad de Nixon ante sus votantes. Se abrió una investigación y se le pidió que aportara las grabaciones, a lo que el presidente se negó alegando razones jurídicas. El caso llegó al Tribunal Supremo, que dictaminó la procedencia de la entrega de esas grabaciones. Cuando la Casa Blanca entregó las cintas se constató que en una de ellas había un vacío de 17 minutos, el resto de las cintas pusieron de manifiesto los tejemanejes que hacía Nixon para ocultar sus intenciones al resto de agencias de seguridad. Poco después, ante la amenaza de impeachment[i], Nixon decidió dimitir el 9 de agosto de 1974, poniendo fin a un mandato que, de no haber tenido este final, podría haber pasado a la historia como el que más se acercó a terminar con la Guerra Fría.

El tándem Brezhnev-Nixon no ha sido justamente valorado porque ninguno de los dos despertaba simpatías en el panorama internacional, uno por estalinista, el otro por inmoral. Sin embargo, fue un momento de entendimiento entre dos mandatarios en el que, por razones de edad y por cuestiones de personalidad, se pusieron las bases para un final incruento del conflicto, se empezó una colaboración muy provechosa en materia de exploración espacial y se adoptaron tácticas de entendimiento que influyeron en la manera de negociar con bandos secularmente enfrentados como, por ejemplo, empresarios y trabajadores. Cuando la firmeza en las posiciones deja paso al diálogo sobre intereses y necesidades, los representantes de los bandos encuentran un terreno abonado para alcanzar acuerdos, ese pudo ser el legado de esta etapa, pese a que sus máximos dirigentes no lo supieran aún.

@salenko1960

[i] Procedimiento por el que los representantes del pueblo pueden cesar al Presidente ante graves situaciones como haber mentido a la nación.

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