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La Guerra Fría 1975-1985

De nuevo con los amigos de Antena Historia, grabamos una década más de historia de la Guerra fría. Los temas tocados fueron:

-Los perfiles psicológicos de los protagonistas

-El agotamiento de la URSS

-Afganistán, la guerra trampa de la URSS

-La salida de la vieja guardia soviética

-Conferencias de Seguridad y Derechos Humanos

-Irán y la llegada de los ayatolas

-Nicaragua y la revolución sandinista

-El sindicato polaco Solidaridad

-Terrorismo internacional

-Funerales de estado en la GF, el fin de una época

Casi 4 horas de grabación para que disfrutéis de este apasionante periodo que explica un buen número de acontecimientos de la actualidad.

https://antenahistoria.com/

@salenko1960 enero 2022

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Líderes

Margaret Thatcher y los sindicatos politizados

Maggie, si se me permite el término familiar, fue la primera mujer que alcanzó el puesto de primera ministra en la historia de Gran Bretaña. Su papel en la Guerra Fría todavía se discute, así que me permitiré alguna licencia a la hora de valorar su papel.

En este primer artículo sobre su persona, me centraré en la manera decidida con la que se enfrentó al poder sindical y acabó derrotándolo tras una dura Huelga General. Basándome en sus convicciones manifestadas a través de su autobiografía “Los años de Downing Street”, haré hincapié en su pensamiento político, porque considero que jugó un papel destacado en el colapso de la URSS.  

Su perfil psicológico queda para otro artículo porque me falta aún algo de información para su cierre. Por otro lado, al ser el segundo personaje británico del que me ocuparé, me parece un poco abusivo –podría parecer que fueron los británicos los vencedores de la Guerra Fría, lo cual me parece un poco temerario-.

El enfoque con el que abordó la reducción de “privilegios” de los sindicatos fue la cuestión de la productividad de la industria británica. En comparación con los grandes países de la Comunidad Europea, CEE, este asunto se había convertido en un motivo de preocupación desde el final de la Segunda Guerra Mundial, porque afectaba al orgullo patriótico de los británicos, no se encontraba una explicación satisfactoria para justificar que, por ejemplo, los vehículos de automoción alemanes y franceses fueran más vendidos que los de factura británica. Para Maggie la influencia de los sindicatos había sido nefasta por torpedear los intentos de mejorar los sistemas de producción en la industria automotriz y el resultado de ello fue que las marcas británicas habían caído en el desprestigio, para la mayoría de los consumidores europeos.

Dentro de su enfoque, la piedra angular era la idea de que el nivel salarial debía estar determinado por las posibilidades económicas del negocio, dependiendo de su productividad y de sus ganancias. Combatió la politización sindical a sabiendas de que sus convicciones en favor del libre comercio eran del agrado de la mayoría de sus votantes. Estaba convencida de que los afiliados sindicales tenían una opinión muy distinta a la de sus dirigentes, por consiguiente, ellos mismos pondrían a raya a los extremistas y apparatchiks sindicales como Arthur Scargill, líder de la Unión Nacional de Mineros (NUM).

Los conservadores ampliaron la Ley de Conflictos Laborales para reducir las modalidades de presión sindical en caso de huelga y garantizar el derecho a trabajar de quienes no desean sucumbir a las acciones de los “piquetes”. Otras líneas de acción fueron,

-Restringir las inmunidades y terminar con los monopolios por medio de la competitividad,

-Intervenir en los stocks de acero de las empresas afectadas por la huelga, para garantizar el suministro,

-Obligar a los directivos de las empresas públicas a que no autorizasen subidas salariales que ocasionaran un desequilibrio financiero,

-Combatir políticamente la propaganda sindical-laborista, apelando a la conciencia ciudadana y a la de aquellos trabajadores descontentos con la huelga.

Con todo ello logró impulsar una votación interna que deslegitimó a los líderes sindicales con lo que la opinión pública se convenció de que la guerra la había ganado el Gobierno. Lo cierto es que, tras casi un año de conflicto laboral, el 3 de marzo de 1985, se dio la huelga por concluida. Como resultado, Maggie pudo poner en práctica todo su programa de reformas económicas; lo que recibió el nombre de Thatcherismo económico. Basado en la reducción de impuestos, la desregulación del sistema financiero, la flexibilidad laboral y el impulso del capitalismo popular (muchos inquilinos británicos se convirtieron en propietarios de sus residencias de alquiler).

Su apoyo a Mihail Gorbachov propició las reformas en la URSS y llegó a proclamar que el sistema soviético no funcionaba y que Gorbachov se había dado cuenta. Un gran bagaje para una mujer pionera en muchos sentidos.

@salenko1960  Julio 2021

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Segunda singladura: Jrushchov – Kennedy. 1961-1963

En esta segunda entrega se describe el episodio álgido de la Guerra Fría, la Crisis de los misiles de Cuba. El mundo se asomó al abismo de un conflicto nuclear cuando ambas superpotencias habían desarrollado armamento termonuclear con misiles de alcance medio e intercontinental, capaces de alcanzar las principales ciudades de ambas naciones.

SITUACIÓN PREVIA

Tras la muerte de Stalin en la URSS se impuso una dirección colectiva en la que pronto destacó la figura de Jrushchov sobre los otros aspirantes. En febrero de 1956 el Secretario General pronunció un discurso secreto ante el plenario del XX Congreso del PCUS, en el que criticó el culto a la personalidad de Stalin y censuró los fracasos del zar rojo. Este discurso se difundió entre los ambientes comunistas y se filtró a la inteligencia norteamericana, pese a lo cual el presidente Eisenhower siguió desconfiando de las intenciones soviéticas.

En este periodo se había producido una cierta estabilización de la Guerra Fría, los dos contendientes admitían la división de Alemania y eran muy conscientes de la capacidad destructiva de las armas nucleares. Los sistemas de reparto (delivery) se habían beneficiado de los avances misilísticos y ya no era necesario disponer de una gran flota de aviones porque los misiles se podían lanzar desde submarinos o bases en tierra con un alcance cada vez mayor.

El traslado de la confrontación entre comunismo y capitalismo a la periferia había incorporado a la China continental como un elemento desestabilizador, porque Mao estaba dispuesto a padecer un ataque nuclear con tal de recuperar Taiwán. Winston Churchill volvía a ser primer ministro en Gran Bretaña y se daba cuenta de la necesidad de reducir las tensiones entre rusos y americanos por el bien de la estabilidad de Europa. Los bloques militares se organizaron en las dos grandes estructuras, la OTAN y el Pacto de Varsovia, ninguno de los dos bloques pretendía iniciar las hostilidades pero la respuesta de “represalia masiva” se convirtió en el eje de la política de defensa de EEUU.

Los republicanos habían superado las heridas del Macarthismo y consideraban que la política de contención había sido un error, porque ponía a miles de personas en riesgo de caer bajo el dominio de una dictadura despiadada que despreciaba los derechos individuales. Las acciones encubiertas de la CIA se prodigaban porque evitaban el gasto que suponía disponer de tropas regulares convencionales, sus efectivos se multiplicaron por tres. El lanzamiento del primer satélite artificial por parte de la URSS, el Sputnik, significó una advertencia para la administración norteamericana porque la guerra se podía desplazar a un nuevo escenario, el espacio exterior. Los avances tecnológicos producidos por los científicos soviéticos llevaron a Jrushchov a vaticinar que pronto EEUU se vería superado en prosperidad por la URSS. Este optimismo no se debilitó cuando el Secretario General visitó oficialmente los EEUU en otoño de 1959 y viajó por sus ciudades y centros de producción.

Cuando parecía que se estaban aproximando las posturas entre los dos mandatarios y se celebraba una cumbre en París, se produjo el derribo de un avión espía U-2 en el espacio aéreo soviético y Jrushchov reaccionó de forma airada exigiendo disculpas por este hecho a Eisenhower quien no reconoció los hechos. Era el otoño de 1959 y al año siguiente se produciría el relevo en la presidencia de EEUU donde aparecería un joven católico, avalado por acciones heroicas durante la Segunda Guerra Mundial y que daría la réplica al comportamiento vehemente del Secretario General soviético.

LOS RASGOS PSICOLÓGICOS DE NIKITA JRUSHCHOV

Jrushchov nació en 1894 en una pequeña población rusa cerca de la frontera con Ucrania. De origen humilde, tuvo que dejar los estudios y trabajó como obrero y minero hasta que se afilió al Partido y se dedicó en cuerpo y alma a la revolución. En la segunda guerra mundial tuvo un papel destacado en el sitio de Stalingrado. Cuando murió Stalin se decidió crear una troika de dirigentes entre los que figuraba Jrushchov y en la que ninguno de los tres destacaba por sus capacidades oratorias. Poco a poco, Jrushchov se fue deshaciendo de sus otros dos competidores hasta que, dos años después de la muerte de Stalin, logró convertirse en el líder supremo de la URSS.

Su carácter era tosco, austero y volátil. Pese a que intentó retomar sus estudios como ingeniero no logró terminarlos, aunque sí demostró una gran creatividad para resolver problemas complejos. Su inteligencia se basaba mucho más en su intuición que en una mente estructurada, lo que le llevaba a cambiar de criterio en cuestiones fundamentales. Sus orígenes campesinos no le impidieron forjar una personalidad optimista por naturaleza. Algunos de sus críticos señalan de él que era muy poco diplomático y que, como negociador, tensaba la cuerda en exceso. Su relación con el Presidente Kennedy en un primer momento fue difícil porque menospreció sus capacidades, lo consideraba un niño rico mimado. Posteriormente esta relación mejoró porque su capacidad de reacción a los envites que él le lanzaba le sorprendió.

Uno de los ejes de su política fue distanciarse de Stalin. Cuando, en febrero de 1956, pronunció su discurso secreto en el que criticó a Stalin, lo consideró una desviación de las líneas trazadas por Lenin para desarrollar una sociedad comunista. Pero este revisionismo le ocasionó muchos enemigos dentro de la órbita socialista como, por ejemplo, Mao.

Una persona intuitiva cuando maneja situaciones complejas con información incompleta (como la crisis de los misiles de Cuba) se suele comportar de manera compulsiva, es como un jugador que, cuando pierde una mano, dobla la apuesta en la siguiente; así se debió conducir Jrushchov en su relación con los presidentes norteamericanos (llegó a decir que Eisenhower y Kennedy son la misma mierda).

Su confianza en sus capacidades le llevó a no ver el peligro que corría su autoridad, sus enemigos se aprovecharon de ello para destituirle en 1964. Curiosamente, este superviviente de Stalin apenas trató de defenderse y pasó sus últimos años en una situación de melancolía hasta que falleció en 1971.

 

LOS RASGOS PSICOLÓGICOS DE JOHN FITZGERALD KENNEDY

Es muy difícil separar a la persona del mito que rodea a la figura de JFK. Por un lado, nos encontramos con un presidente que gana sus elecciones por muy poco al candidato republicano, todavía resulta de interés para los analistas el primer debate televisado entre Kennedy y Nixon que, al parecer, fue decisivo para su victoria electoral. Por otro lado, nos encontramos en presencia de un presidente asesinado por razones no suficientemente esclarecidas, el único de los ocho comandantes en jefe analizados en las cuatro singladuras que deja tras de sí una estela mítica cargada de glamour y falsas apariencias[i]. Sus discursos han creado escuela en varios presidentes posteriores, especialmente demócratas. La imagen de su brutal asesinato acompañará a mi generación como la prueba de un dirigente que quiso cambiar la forma de hacer política minimizando el hecho de que fue el primero en acercarnos al abismo de una guerra termonuclear.

Hay un cierto consenso entre los historiadores sobre su complejo de inferioridad a la hora de juzgar las decisiones que tomó. Yo me inclino a pensar que, en realidad, se sentía como un pez fuera del agua. En primer lugar, no era el elegido por su padre para llegar a lo más alto y para dar forma a unas aspiraciones políticas que se habían visto frustradas por el nazismo de su acaudalado ancestro. Su hermano mayor Joseph era el predestinado para jugar ese papel, hasta su muerte prematura al final de la segunda guerra mundial. Los turbios contactos de su familia le impulsaron políticamente hasta ocupar un asiento en el Senado de EEUU.

En segundo lugar, pertenecía a una minoría mal vista por muchos norteamericanos, la de los católicos irlandeses, afamados por su carácter pendenciero y su apego a la familia en mayor medida que la practicada por el resto de familias wasp[ii] y que les hacía asemejarse a los clanes mafiosos, tal como se describe en la saga de “El Padrino”. De su afición a las peleas se explica que, pese a no tener un cuerpo especialmente fornido, se hiciese jugador de futbol americano y acabase lesionado en la espalda, secuela que arrastró toda su vida y que degeneró en una dependencia exagerada de los calmantes y de otras drogas que aliviasen su sufrimiento. De su apego a la familia se deriva su obsesión por guardar las apariencias, especialmente cuando le era infiel a su esposa Jackie de forma poco menos que compulsiva con casi todas la bellezas que se cruzaron con él. También es testigo de esta dependencia familiar el tándem que formó con su hermano Robert, su más fiel colaborador.

Aparte de las consideraciones anteriores, se justifica que sobrerreaccionase a muchos de los desafíos a los que les sometió Jrushchov porque se los tomaba como algo personal. Los 23 años de diferencia que le sacaba el líder soviético le ponían en desventaja respecto de los acontecimientos vividos por uno y otro. Pero la necesidad de no parecer blando ante el comunismo le forzaba a elegir las respuestas más firmes y contundentes, pese al riesgo de desencadenar una guerra de consecuencias imprevisibles. Hasta que se dio cuenta de que esta escalada de “acción – reacción” solo podía terminar con una gran aniquilación mutua y que era mucho más inteligente diseñar una respuesta flexible que incluyera actuaciones diplomáticas, acciones encubiertas y operaciones con armas convencionales.

Su legado está lleno de luces y sombras pero su abrupta desaparición le permitió convertirse en un icono que representaba la posibilidad de cambiar la confrontación de forma más constructiva. Pese a sus debilidades personales, las apelaciones que dejó en sus discursos a unos valores progresistas se han convertido en la herencia más valiosa para las generaciones futuras.

ACONTECIMIENTOS

Las capacidades diplomáticas de Jrushchov ya habían quedado en evidencia cuando Kennedy llegó al poder en enero de 1961. A este panorama podemos sumar los éxitos logrados por el programa espacial soviético, en especial la hazaña del vuelo orbital de Yuri Gagarin y el desastre del desembarco organizado por la CIA en Bahía Cochinos, Cuba, para entender el momento de máxima popularidad del líder soviético frente a la incertidumbre que suponía la llegada al poder del presidente más joven de EEUU.

Debido a ello se puede comprender la tosquedad con la que se comportó Jrushchov en su primer encuentro con Kennedy ocurrido en junio de 1961 en Viena. La exigencia soviética de formalizar un acuerdo de paz que definiera el estatus de Berlín puso a Kennedy entre la espada y la pared. Para no dar sensación de debilidad, Kennedy adoptó unas fuertes contramedidas para disuadir a Jrushchov de adoptar cualquier medida unilateral y amenazó a los soviéticos con un “frío invierno” en sus relaciones. Mientras tanto la RDA se desangraba con un número incesante de técnicos y especialistas que se pasaban a Occidente atraídos por las promesas de llevar una vida más cómoda. Jrushchov se vio empujado a negociar un tratado de paz independiente con la RDA o adoptar alguna medida que parase la “sangría” económica que padecía este país (en esos meses se calculó en 1.000 personas diarias las que saltaban al otro lado). En agosto de 1961 Berlín se convirtió en una ciudad dividida.

El muro dividió calles, parques y edificios separando a amigos y familias que, hasta entonces, podían visitarse con asiduidad. La reacción de Kennedy fue desplazar vehículos blindados por la autobahn hacia Berlín. Se llegó a pensar en un conflicto nuclear y muchos norteamericanos empezaron a construir refugios nucleares en los sótanos de sus casas. El enfrentamiento se calmó después de que Kennedy se negase a derribar el muro y de que Jrushchov desistiera de firmar un acuerdo con la RDA. Dos años después Kennedy visitó la ciudad y proclamó su célebre frase “Ich bin ein Berliner” como muestra de solidaridad con los ciudadanos de Berlín Oeste.

Las dos superpotencias reanudaron sus pruebas nucleares y la tensión volvió a aumentar cuando otro avión espía detectó las bases de misiles que Jrushchov había autorizado a construir en Cuba. Los misiles de medio y largo alcance que aparecían en las fotografías podían alcanzar la mayoría de las grandes poblaciones ubicadas en territorio de los EEUU. Por primera vez, los norteamericanos podían ser atacados con armamento nuclear desde un territorio que siempre había sido considerado su “patio trasero”.

Castro y sus barbudos gozaban de muchas simpatías entre los soviéticos, su modelo de revolución era visto como una forma de combatir el imperialismo, especialmente por los jóvenes. Los ataques contra Castro por parte de la CIA (operación Mangosta) demostraban el carácter épico de este movimiento y su arraigo en el sentir popular había quedado demostrado con la facilidad con la que el régimen había desbaratado la invasión. La amistad cubano-soviética ponía a Kennedy en un brete y éste lo decidió asumir de forma contundente/resuelta/atrevida. El 22 de octubre se dirigió por televisión a su nación para anunciar su decisión de someter a la isla caribeña a una cuarentena para evitar una guerra.

Jrushchov no contaba con la posibilidad de que sus planes de despliegue de misiles fueran descubiertos antes de que estuvieran operativos. Su intención no era iniciar el ataque sino devolver a Norteamérica el golpe que supuso el despliegue de sus misiles en Turquía, tan cerca de su zona de influencia. Quería hacerles sentir de cerca la amenaza nuclear.

Al hacerse pública la crisis, el mundo contuvo la respiración porque parecía que nadie podía detener el conflicto. En la ONU se movilizaron para tratar de aclarar los hechos y buscar otras posibilidades. Pero Kennedy ya había pasado por el ridículo de Bahía Cochinos y  la construcción del Muro de Berlín, y no estaba dispuesto a ceder en esto. La negociación entre su hermano Robert y el embajador soviético en Washington resultó provechosa porque incluía un acuerdo secreto sobre Turquía que permitía a Jrushchov salvar la cara.

Cuando el bloqueo naval parecía a punto de provocar el primer casus belli tras la segunda guerra mundial, las naves soviéticas dieron media vuelta sin dar tiempo a que se produjesen heridos. La amenaza de una devastación hizo recapacitar a ambos dirigentes sobre lo que era más conveniente en la defensa de sus conciudadanos. Ambos eran conocedores de que una guerra termonuclear podía acabar con la vida en la tierra. Posteriormente decidieron limitar las pruebas nucleares en el espacio y establecer una línea de comunicación directa entre el Kremlin y la Casa Blanca, el llamado “teléfono rojo”.

Al hacer el balance de la presidencia de Kennedy, tenemos que incluir dos iniciativas políticas y otra militar para asegurar que, aunque corto en el tiempo, fue un mandato muy fructífero y determinante para sus sucesores. La primera es la conocida como “Alianza para el progreso”, un intento fallido de promover el desarrollo social en la zona de influencia norteamericana. Supuso proporcionar 10.000 millones de dólares a los países latinoamericanos para invertirlos en educación, construcción de viviendas, reformas agrarias y salud pública. El problema fue cuando estas intenciones chocaban con los intereses de las élites gobernantes y de las compañías norteamericanas (como la United Fruit), de manera que los intereses económicos se antepusieron a las reformas sociales. Ni siquiera se redujo el número de dictaduras militares en esta área geopolítica.

Otro proyecto más exitoso fue el llamado Peace Corps, que impulsó a 500 jóvenes voluntarios americanos a enseñar en las escuelas y trabajar los campos de ocho países en vías de desarrollo. Fue una manera de propagar los valores propios de la democracia norteamericana para convertirlos en impulsores del desarrollo social. A mediados de los 80 logró que más de 100.000 norteamericanos hubieran servido en el exterior y el programa ha tenido continuidad hasta nuestros días.

El tercer legado de JFK fue la creación de los “boinas verdes” una unidad de élite concebida para luchar contra la subversión. Como consecuencia de la crisis de los misiles, Kennedy se dio cuenta de que los EEUU necesitaban dotarse de una respuesta flexible que incluyera todo tipo de intervenciones, de mayor y menor escala, para evitar la confrontación nuclear. A pesar de ello, la administración demócrata aumentó considerablemente el arsenal nuclear, con lo que dio al traste con la posibilidad de limitar la carrera de armamentos nucleares. Por otro lado, el aumento del presupuesto militar predispuso al departamento de Defensa a implicarse más en la guerra de Vietnam.

En cuanto al legado de Jrushchov, permitió una cierta apertura del régimen soviético al renunciar a la herencia totalitaria del estalinismo. Esta renuncia no fue bien aceptada por todas las élites socialistas y dio alas a los reformistas en Hungría, lo que obligó a Jrushchov a tomar medidas militares para mantenerse en el poder.

Estos dos personajes pusieron en peligro la paz mundial pero renunciaron a un ejercicio de exterminio mutuo pese a las presiones internas que así lo exigían. La Guerra Fría vivió un momento de inflexión porque las sociedades alineadas con las dos superpotencias tomaron conciencia de lo que había en juego. Cuando los avances científicos se ponen al servicio de los objetivos geoestratégicos, ninguno de los bandos defiende un mundo mejor sino la idea supremacista de que “la razón está de mi parte”.

@salenko1960

[i] En referencia a la idea de Camelot con la que muchos periodistas identificaban a su gabinete.

[ii] acrónimo inglés de White, Anglo-Saxon and Protestant [‘blanco, anglosajón y protestante’]. Grupo cerrado de estadounidenses de elevada posición social, descendientes de británicos y de religión protestante que, supuestamente, ostentan un poder social y económico desproporcionado en los Estados Unidos.

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Primera singladura: Truman – Stalin

La relación entre ambos

Su primer encuentro tuvo lugar en Potsdam, poco antes del final de la Segunda Guerra Mundial. Era el tercer encuentro entre los aliados (tras las reuniones de Teherán, y Yalta) y Truman sucedía al recientemente fallecido Roosevelt. El clima de colaboración seguía siendo favorable y compartieron amigablemente sus planes para acabar con la amenaza del Imperio nipón.

Los rasgos psicológicos de Truman han dejado poco rastro en los libros de Historia (ver entrada de blog “perfil psicológico de Truman”). Podría  deducirse falsamente que fue el primer “Presidente por accidente[1]” de la GF, sin embargo, las decisiones que tomó marcaron el rumbo de los acontecimientos posteriores. Ya sea por iniciativa propia o por influencia de Churchill, el hecho es que se convirtió en el primer adversario serio de Stalin y fue el responsable de hacer volar por los aires el entramado de alianzas geopolíticas que surgió tras el fin de la 2ªGM.

Un factor determinante en sus relaciones políticas fue el hecho de que Truman ejerció su primer mandato con la convicción de que era el “Gendarme del mundo”, por el hecho de que sólo EEUU disponía del arma nuclear. Pero en 1949 se comprobó que los soviéticos también disponían de este tipo de artefactos. Otro factor fue su dependencia inicial de los asesores que heredó del fallecido Franklin D. Roosevelt. El equilibrio del terror marcó los siguientes 30 años de GF.

En cuanto a Stalin, su carácter le hacía sospechar de todos cuantos le rodeaban y nada hace pensar que no sintiera una gran desconfianza hacia Churchill y, por ende, hacia Truman. Su visión revolucionaria le hacía concebir a estos personajes como líderes de estado burgueses que, más pronto que tarde, se convertirían en enemigos de los bolcheviques. Sin embargo, en un principio, le resultó más cómodo aparentar una confluencia de intereses geopolíticos para extinguir la amenaza nazi.

En este contexto, ninguna de las dos partes quería aparecer como el verdugo de las expectativas de cooperación que la gente mantenía tras los extenuantes sacrificios de la pasada guerra. Las dudas que pudieran albergarse quedaron diluidas con tres momentos trascendentales. El 9 de febrero Stalin se dirigió  a los dirigentes de la URSS en el teatro Bolshói: tras hacer un balance euforizante de la capacidad del ejército rojo para defender los intereses del comunismo, preparó a los cuadros para las confrontaciones futuras que se pudieran avecinar. A requerimiento de Washington, el diplomático George Keenan telegrafió un mensaje en el que ponía de manifiesto la naturaleza hostil del régimen soviético, en lo que se conoce como “Telegrama Largo”. Mucho más conocido ha resultado el discurso del 5 de marzo en Fulton (Missouri) donde Churchill (avalado por Truman) pidió una respuesta de la civilización cristiana y alertó a los dirigentes angloamericanos ante la amenaza comunista que se cernía sobre Europa.

Plan Marshall

El invierno de 1947 había sido tremendamente riguroso para Europa Occidental, la reconstrucción iba demasiado lenta y la escasez de recursos empezaba a convertirse en un arma política. La visión de Truman era favorable al comercio internacional, pero, si no había recuperación económica, ¿cómo podía dinamizarse el comercio? En enero de 1947 nombró a George Marshall Secretario de Estado. Éste hace un comentario despectivo con relación a la inoperante conferencia de ministros de Asuntos Exteriores de Moscú (de marzo a abril de 1947): “el paciente estaba muriéndose mientras los médicos deliberaban” y propone un plan de ayuda económica masiva para reconstruir la Europa destruida por la guerra.

Stalin descubre unas conversaciones secretas entre los angloamericanos. Además, se da cuenta de que las potencias occidentales no tienen en mente una Alemania centralizada y neutral. Teme que le recorten las indemnizaciones de guerra que él esperaba, tampoco le llegan los créditos prometidos tras la guerra. Llega a la conclusión de que el Plan Marshall es un proyecto destinado a reducir la influencia soviética en Europa.

El 2 de julio decide oponerse y presiona a los países del Este para que rechacen esas ayudas. Esta decisión provoca una crisis política en Checoslovaquia. Propone el Plan Molotov como contrapartida, Stalin pasa de la contemporización con los países occidentales al contraataque feroz. Durante el otoño da instrucciones para desestabilizar Francia e Italia mediante huelgas y manifestaciones organizadas por los partidos y sindicatos comunistas. El establecimiento de la Kominform (reemplazando a la Komintern) se vio acelerado por el Plan Marshall.

Gracias al Plan Marshall, Truman contuvo el avance del comunismo en Europa Occidental. La Agencia Central de Inteligencia jugó un papel destacado, especialmente en las elecciones italianas del año 48, cuando la CIA movilizó a la población italoestadounidense para escribir cartas disuasorias a sus familiares para que no apoyasen al Partido Comunista. También la Iglesia Católica se pronunció desde los púlpitos para impedir la victoria comunista que vaticinaban los pronósticos. Europa padecía muchos problemas económicos y sociales, con una población de desplazados y refugiados equivalente a la de un país mediano. En la Europa Oriental o del Este, muchos temían las represalias de Stalin por supuestos crímenes de guerra y buscaban emigrar al Oeste, tanto en Alemania como en Hungría, Checoslovaquia y Rumanía principalmente. Los judíos se marcharon de Polonia creando un problema para las autoridades de ocupación, esta situación de repatriación forzosa se mantuvo hasta 1947, con el inicio de la Guerra Fría, y en 1948, con la creación del estado de Israel.

Los planes de inversión del Plan Marshall dejaron en un segundo término los programas de desnazificación de Alemania. Estos programas se llevaron a cabo con mucha intensidad y coordinación los primeros años de ocupación, pero luego ambos presidentes se dieron cuenta de que los antiguos nazis podían serles de utilidad para impulsar las reformas sociales que ambos pretendían. Se pasó de una política de acoso a otra de captación, en 1951 se producen las últimas ejecuciones de nazis en Alemania, ante un clamor de súplicas pidiendo clemencia. Un aspecto chirriante es que, en los juicios de Nuremberg, las autoridades soviéticas juzgaban a sus antiguos contendientes por crímenes que ellos mismos habían alentado. Stalin era de la opinión de que un soldado que ha pasado por la sangre, el fuego y la muerte está legitimado para pasar un buen rato con una mujer o llevarse alguna cosilla.

Bloqueo de Berlín

La ocupación de los aliados se distribuyó en cuatro zonas: francesa, británica, norteamericana y soviética. Berlín quedaba en el interior de la zona soviética (unos 200 km.) y dividida, a su vez, en cuatro sectores. Francia opinaba que una Alemania dividida y que pagase reparaciones impuestas tras la guerra era la mejor opción, pero Stalin consideraba que era más seguro cobrar de una Alemania unida (como se acordó en Potsdam). EEUU consideraba que esta propuesta era una estratagema para dominar toda Alemania, así que deciden, junto con los británicos, interrumpir los pagos de sus zonas a la URSS. Además, Byrnes promete un autogobierno a los alemanes y garantiza la presencia de tropas norteamericanas por tiempo indefinido.

Stalin considera esta unión alemana-norteamericana una nueva amenaza para la URSS. Empieza a presionar las comunicaciones con Berlín, en marzo de 1948 pone restricciones al tráfico por carretera y el 24 de junio corta por completo ese tráfico desde las otras zonas a Berlín. Los otros aliados responden con un contrabloqueo de Berlín oriental.

Truman entiende estos acontecimientos como una prueba al compromiso de los norteamericanos con las libertades. Decide abastecer Berlín mediante un puente aéreo y enviar 60 bombarderos B-29 al Reino Unido. Por primera vez la amenaza nuclear se vuelve explícita.

Stalin se da cuenta de que está perdiendo la batalla propagandística. Además, el contrabloqueo resulta económicamente doloroso. En mayo de 1949 levanta el bloqueo. Ese mismo año se crea la República Federal Alemana y, poco después, la República Democrática Alemana, símbolo de la Guerra Fría en Europa. Las zonas de influencia se convierten en los territorios donde ambos bandos fijan sus propias reglas de juego. Ningún estado declara la guerra, pero la desconfianza mutua y la intuición de que los otros albergan intenciones hostiles propician una carrera armamentística imparable para rechazar un hipotético ataque preventivo. Esta consideración prebélica fija la política exterior y, en mayor o menor grado, la política interior de las dos superpotencias. Probablemente los errores cometidos con el Reich obligan a los gobernantes a sobreactuar militarmente.

Mientras tanto, en el resto del mundo, los procesos de descolonización se ven mediatizados por esta contienda en la que ambas superpotencias rivalizan por poner su propia concepción del orden en un mundo que busca un equilibrio imposible. Se consolida la Guerra Fría como forma de aglutinar los problemas de nacionalismo y de reformas sociales.

La Contención

Para Stalin, Truman se estaba comportando de forma deshonesta en Europa. Aunque quería mantener la Gran Alianza, tenía en China una revolución de inspiración comunista que se mantenía a duras penas haciendo la guerra contra las tropas nacionalistas del Guomindang. Stalin no se fiaba de Mao, consideraba un error realizar la revolución apoyándose en los campesinos en lugar del proletariado industrial, pero es que en la China del momento apenas existía un tejido industrial consistente. “Marxista de margarina” era el apodo con el que Stalin menospreciaba a Mao. Esta mutua desconfianza llevó a Mao a no tomar en consideración la propuesta de Stalin de detenerse a orillas del rio Yangtsé para formar un gobierno de coalición con los nacionalistas. La vía china a la revolución comunista logró sus objetivos el 1 de octubre de 1949.

Stalin maniobró para pactar con los chinos un acuerdo estratégico, pero la frontera asiática formaba parte del área de influencia soviética y no desaprovechó esta circunstancia para mostrar su poderío al presidente Truman. Este ya había definido una política de contención del comunismo en todo el mundo. Su famoso discurso ante el Congreso para pedir una ayuda destinada a Grecia y Turquía mostró su fuerte compromiso con las libertades de elección de los pueblos: “la política de Estados Unidos debe consistir en ayudar a los pueblos libres que luchan contra las minorías armadas o las presiones exteriores que pretenden sojuzgarlos” (doctrina Truman). La venganza de Stalin sería apoyar los planes de Kim Il Sung de anexionarse Corea del Sur en 1950.

Su visión de la guerra en Asia era que, si Corea del Norte empezaba a perder la guerra, China acudiría en su ayuda y una guerra larga y prolongada entre China y Estados Unidos sería una buena cosa para la URSS. Lo cierto es que esta guerra supuso una escalada en la militarización de la Guerra Fría y aniquiló las conversaciones de paz y los acuerdos en Europa. Incluso provocó que el general MacArthur plantease el uso de bombas nucleares, humillado por los avances chinos. Pero Truman temía que esa escalada provocase una tercera guerra mundial o, al menos, un nuevo frente con los soviéticos en Europa. De hecho, Stalin había ordenado que los países satélites europeos creasen ejércitos modernos a la mayor brevedad. También había conseguido acelerar sus planes nucleares, aunque no tenía forma de arrojar la bomba atómica sobre territorio estadounidense. Para Truman, lo que estaba en juego en Corea era el prestigio de la ONU y no escatimó esfuerzos para llegar a un equilibrio político. Finalmente, en 1951, se llegó a una situación que restablecía el “status quo”, lo que facilitó el final de las hostilidades. Una de las películas que explicó las condiciones en las que se desarrolló la guerra de Corea fue “Paralelo 38” (1952).

Repercusiones

Las repercusiones de la guerra de Corea en Asia fueron que Stalin aumentó la ayuda militar a China, convencido de que Mao no se convertiría en un nuevo Tito. Truman se radicalizó contra el avance del comunismo y se mostró partidario de combatirlo aunque fuera unilateralmente, sin la ayuda de las potencias coloniales. Admitió a Japón como un baluarte en su estrategia de contención y junto con Formosa, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda convirtió esta cadena de islas del Pacífico en su principal eje defensivo.

Las repercusiones en Europa fueron el refuerzo de la OTAN con una estructura de mando unificada, la formación de una fuerza de tierra con 96 divisiones, para contrarrestar la presencia militar que Stalin había propiciado en el Este; la incorporación de Grecia y Turquía (en 1952) y el restablecimiento de relaciones con Franco y con Tito. Truman rompió con la vieja doctrina aislacionista de Estados Unidos en tiempo de paz y envió 4 divisiones al continente que permanecieron por más de 40 años. Incluso permitió el rearme de Alemania incorporándola a la OTAN, pese al recelo de los franceses.

Las diferencias entre las dos superpotencias en relación con Alemania motivaron que la opinión pública norteamericana viese en Stalin un estadista ambicioso y tiránico que no conocía límites. Cuando Truman tuvo que hacer frente a la reelección (en 1948), se dio cuenta de que no ganaría con un discurso conciliador con la URSS. Pese a todos los pronósticos, logró imponerse a su adversario republicano gracias a una intensa campaña en la que recorrió la nación de punta a punta y a su apuesta por los derechos civiles. Finalmente, ambos mandatarios dejaron el poder el mismo año, aunque por causas diferentes. Truman dio el relevo al republicano Eisenhower, Stalin falleció por un accidente cerebrovascular y le sucedió una troika en la que se impuso Nikita Jrushchev. Los cimientos de la Guerra Fría habían sido fijados por estos dos personajes.  Los líderes victoriosos del mundo en guerra, empezaron aliándose para acabar con un dictador fascista y acabaron combatiendo entre sí para imponer su visión de un nuevo orden mundial.

 

[1] Truman accedió a la presidencia tras la muerte de Roosevelt, al ser su Vicepresidente.

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¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964)

Según cuenta Vladislav Zubok en su obra “Un imperio fallido” (página 278), tras un ensayo nuclear ruso que tuvo lugar en 1955, el físico y padre de la bomba de hidrógeno soviética, Andrei Sajarov, se tomó la molestia de aclarar al mariscal Mitrofan Nedelin que usar este tipo de armas en caso de conflicto sería catastrófico y podría provocar un auténtico Holocausto. Seguramente se refería a la posibilidad de una reacción incontrolable que podría convertir grandes zonas de nuestro planeta, o incluso el planeta entero, en incompatible con la vida tal y como la conocemos.

En esta tesitura, cualquier dirigente sensato se hubiera estremecido de terror al tomar conciencia del poder destructivo de este armamento. Sin embargo, Nedelin se despachó con un chiste verde con el que quiso dar a entender al físico que se metiera en sus asuntos.  Sajarov se quedó boquiabierto ante este alarde de insensatez en un dirigente de tan alto rango.

Como si Kubrick hubiera sido testigo de este incidente, el genial cineasta trasformó en comedia un guion bien documentado que trataba de un ataque nuclear y sus posibilidades de frenarlo una vez desencadenado. Al verla, (cabe suponer que) cualquier dirigente razonable tomaría conciencia de la locura que suponía la estrategia de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD), por la que las grandes potencias se habían garantizado un equilibrio del terror que no estaba a cubierto de los errores humanos como los descritos en la película.

La historia surge como reacción ante la crisis de los misiles de Cuba, que hizo que el mundo contuviera la respiración ante la posibilidad de un enfrentamiento nuclear entre las dos superpotencias. El general de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Jack D. Ripper (Sterling Hayden), cuyo nombre se pronuncia igual que Jack el Destripador, inicia un ataque preventivo contra la URSS porque está convencido de que los comunistas están contaminando los fluidos corporales de los norteamericanos. Su segundo al mando, el capitán de la Real Fuerza Aérea (RAF) Lionel Mandrake (Peter Sellers) no da crédito a la locura de su superior, pero se encuentra incapaz de hacerle entrar en razón o conseguir que le dé la clave de acceso a las radios de los bombarderos para abortar el ataque.

En el centro de control de la Casa Blanca se evalúa la situación, pero no se acierta a encontrar la manera de neutralizar el ataque. Los minutos pasan y la situación se vuelve cada vez más delirante hasta que Mandrake logra desentrañar la clave y anular el ataque de todos los bombarderos excepto de uno, que ha tenido que cambiar de planes tras recibir un impacto que deja inoperativa su radio.

Pese a que el presidente de EEUU ha convenido con el Secretario General del PCUS la manera de hacer frente a la situación, se dan cuenta de que el bombardero va a iniciar un ataque nuclear que será respondido de forma automática y sin posibilidad de aplicar un sistema de interrupción (lo que se llamaba un dispositivo del fin del mundo). Esta forma de proceder era acorde con la doctrina de la MAD. El doctor Strangelove (Peter Sellers) sugiere que se creen refugios nucleares para crear una nueva humanidad cuando, pasados 100 años, los efectos de la radiación hayan pasado. Un nuevo renacer tras la némesis nuclear en el que solo tendrán cabida los más aptos.

La Guerra Fría tendría que esperar a los años 80 para que Ronald Reagan desestimara la MAD y pusiera el acento en la tecnología para derrotar a los soviéticos.

@salenko1960

Septiembre 2017

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Cuarta singladura: Reagan – Gorbachov

De alguna manera nos situamos en el episodio final de la Guerra Fría, después de este periodo se produjeron los últimos sucesos que finiquitaron el imperio soviético: la caída del Muro de Berlín y el golpe de estado en la URSS.

SITUACIÓN PREVIA

Ronald Reagan provenía del mundo sindical, concretamente del sindicato de actores. Como Presidente de la Nación se caracterizó por la dureza de sus planteamientos antisoviéticos, los consideraba, en un primer momento, los enemigos del sistema americano. Para hacer frente a ellos, se rodeó de un grupo de asesores y consejeros que buscaban el mayor grado de acoso a la influencia soviética en todo el mundo. Se acuñó el término full court press (traducible como “presión en toda la cancha”, término propio del baloncesto) con el que se pretendía hacerles perder el terreno que habían ganado con la débil presidencia de Carter.

Su primer mandato (20 de enero de 1981-20 de enero de 1985) puso de manifiesto una dependencia excesiva de sus consejeros en cuestiones técnicas e ideológicas. Impulsó los trabajos del “Comité sobre el Peligro Actual”, que sostenían la existencia de una “ventana de vulnerabilidad” que aconsejaba un rearme en las Fuerzas Armadas basándose en la superioridad tecnológica de EEUU sobre la URSS, especialmente la incipiente tecnología informática.

Reagan criticó a la ONU por no saber diferenciar entre países autoritarios y totalitarios, esta crítica dejó sus secuelas en la falta de apoyo económico a los planes de la UNESCO. Tampoco se sintió interesado por la distensión, más bien le parecía una mala idea que debilitaba las opciones legítimas de hacer prevalecer los principios americanos (motivo por el que fue catalogado como «cowboy” en muchos discursos de la izquierda europea).

Por su parte, Mijaíl Gorbachov había sido elegido secretario del PCUS (11 de marzo de 1985), poniendo fin a la escuela estalinista, al poco de iniciar Reagan su segundo mandato. Prácticamente se pasó los dos primeros años siguiendo la ortodoxia planteada por Yuri Andrópov. Se le designó por su juventud y por sus conocimientos en economía, para entonces era patente el deterioro de los cimientos del poder soviético.

Una de sus primeras medidas fue, paradójicamente, ruinosa para las arcas públicas; se trataba de una campaña contra el alcoholismo que se impulsó a todos los niveles. El gigantesco déficit lastró casi todas sus políticas, se podría decir que ante la dialéctica de “cañones o mantequilla”, los dirigentes anteriores a Gorbachov, habían elegido la primera opción.

Con estos mimbres y la ayuda de Shevardnadze se propuso cambiar la imagen de la URSS para impulsar otra más abierta y optimista (1987). Con sus medidas se ganó la confianza de los apparatchiks ilustrados, los hijos del XX Congreso del PCUS; se otorgaron privilegios de reunión con extranjeros (como se refleja en la película “La casa Rusia”).

Para cuando Gorbachov se había afianzado en el poder, Reagan ya había cambiado su actitud inicial. Una vez que se había logrado aumentar el arsenal de misiles y cada vez más consciente del poder destructivo de las Armas Nucleares, había relevado en junio de 1982 a uno de los “halcones” más significativos (Alexander Haig) y nombrado a George Shultz para negociar de igual a igual con los soviéticos, pese a la oposición de George Bush, Caspar Weinberger y William Casey, pero con el apoyo de Nancy Reagan. Pese a ello, los dirigentes rusos desconfiaban de la nueva actitud de Reagan y la tachaban de electoralista. Reagan impulsó un nuevo marco de relaciones en noviembre de 1984 en la ONU, se realizaron dos rondas de negociaciones pero con pocos progresos por el escollo que supuso la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), también conocida como “Guerra de las Galaxias”.

LOS RASGOS PSICOLÓGICOS DE RONALD REAGAN

Reagan era un gran comunicador, aptitud muy valorada en los líderes políticos de EEUU. Muchas de sus promesas electorales se conformaron como reacción a la política “supuestamente débil” del presidente Carter. Su evolución ideológica pasó de denominar a la URSS como el “Imperio del mal” a considerar amigos a los soviéticos, en especial a Gorbachov. Pudo tener que ver con un proceso de asimilación de información más que con un cambio de personalidad. A fin de cuentas, él se había desempeñado como actor y debía pensar cuál de sus papeles era el más adecuado a las circunstancias cambiantes.

Ideológicamente no mostró interés por saber demasiado sobre el comunismo, no le interesaba conocer a fondo esa ideología porque se sentía cómodo representando los valores americanos en un contexto de confrontación militar. Tampoco era un despiadado militarista como se le tachó a veces. Él nunca albergó planes de ataque preventivo contra la URSS y se sorprendió al descubrir que los rusos estaban seriamente preocupados con esta posibilidad. La disuasión le parecía una baza poco sensata y le repugnaba la idea de la “Destrucción Mutua Asegurada” (MAD), porque no contemplaba la posibilidad de ganar la confrontación. Si los EEUU han conseguido desbancar tecnológicamente a la URSS, también serán capaces de arruinar sus planes de expansión ideológica, debió de pensar.

En cuando a la IDE, le pareció más sensato que la doctrina MAD porque se apoyaba en la incontestable supremacía tecnológica y científica de los EEUU. Pese a que existía un serio obstáculo para hacerla viable, dado que exigía una gran inversión en costosísimos ensayos para hacer que el sistema distinguiera entre las cabezas nucleares reales y falsas. El desastre del Challenger (enero 1986) puso en duda la capacidad operativa de la IDE, pero obligó a los soviéticos a replantearse su estrategia nuclear. Para mejorar sus opciones políticas, fue capaz de amañar un experimento para engañar al Congreso con el fin de lograr fondos. Los soviéticos le acusaron de incumplir los acuerdos ABM firmados por Nixon y Brezhnev pero le dio la vuelta a esta acusación utilizando como excusa que el radar de Krasnoyarsk, fue el primer incumplimiento (los soviéticos así lo reconocieron en 1989 y lo desmontaron).

El primer encuentro entre ambos se produjo en la cumbre de Ginebra en 1985, Reagan tenía 74 años y Gorbachov, veinte menos. La puesta en escena de este encuentro permite sacar algunas conclusiones sobre la personalidad de ambos mandatarios: Reagan, alto, elegante y dominador de la situación frente a un Gorbachov vestido como un provinciano, ataviado con abrigo y bufanda  como si llegara de una dacha en pleno invierno a visitar a su poderoso tío millonario para pedirle un préstamo (permítaseme la licencia literaria).

Ambos se casaron con mujeres inteligentes y sofisticadas, que proyectaban una imagen de mujer independiente y comprometida con los cambios que se deseaban impulsar. Raisa y Nancy congeniaron muy pronto y aportaron un tono cálido y casi familiar a las relaciones entre los dos presidentes.

LOS RASGOS PSICOLÓGICOS DE MIJAIL GORBACHOV

Cuando fue nombrado Secretario General del PCUS, estaba considerado como un hombre inteligente, perspicuo y fino. Entre tanto carcamal estalinista, Gorbachov debió suponer un revulsivo con el que el Régimen trató de hacer el ansiado relevo generacional.

Las cuestiones ideológicas jugaban un papel muy secundario; pese a ser un leal comunista, prefería centrarse en las reformas administrativas que debían impulsar la debilitada economía soviética.  Para ello se centró en la política exterior y nombró a Shevardnadze como su mano derecha. Logró un impacto muy significativo incluso en países muy enfrentados con los intereses soviéticos, como es el caso del Reino Unido, llegando a conseguir que su primera ministra Margaret Thatcher, hablase bien de él al presidente Reagan.

Su optimismo era otro de sus rasgos destacados, un optimismo que, con frecuencia, crispaba a los dirigentes más recalcitrantes pero que no llegaron a conformar un contralíder hasta que le llegó el momento a Boris Yeltsin. Su oposición a las soluciones militares tuvo que ver con el hecho de que consumían buena parte de los recursos económicos dentro de un país con grandes lagunas de producción en artículos de consumo y que no lograba dar la réplica a la tecnología informática que, en el lado capitalista, estaba revolucionando los procesos administrativos.

Supo aprovechar algunas circunstancias para convertir al complejo militar industrial soviético en el “chivo expiatorio” de los males económicos, un ejemplo de esto fue el incidente de la avioneta alemana que aterrizó en la Plaza Roja (incidente de 1987 en el que Mathias Rust puso en evidencia el sistema de defensa aéreo soviético). Mientras, los apoyos logrados en política exterior (granjeándose la simpatía de Miterrand, González y Troudeau) le reportaban un soporte financiero que aliviaba la situación económica. Incluso llegó a permitir las inspecciones de la OTAN, lo que horrorizaba a muchos de sus generales por la posibilidad de que se descubrieran las “aldeas Potemkin”[1].

Cuando tuvo conciencia del peligro nuclear, reaccionó impulsando la transparencia del Estado, acuñando el término Glasnost que, junto al de Perestroika (reestructuración), se ha convertido en parte de su legado histórico. A pesar de ello, el incidente de Chernóbil (abril 1986) puso a prueba esta retórica y el resultado fue una reacción del Estado acorde con las antiguas fórmulas estalinistas de ocultación y de restar importancia. Esta falta de compromiso parece propia de un político occidental pero fue lo que, a la postre, posibilitó las renuncias que tuvo que hacer el Kremlin para llevar a cabo unas conversaciones de paz que estuvieron a punto de destruir las armas nucleares. Porque este hombre era más un constructor de consenso que un guerrero.

CONTEXTO GEOPOLÍTICO

Sin ánimo de ser exhaustivo, merece la pena hacer un repaso de los acontecimientos en los que estuvieron enfrentadas estas dos figuras. La invasión de Afganistán ya se había convertido en el Vietnam soviético cuando Gorbachov llegó al poder, su deseo de retirada se debió a problemas financieros más que a la voluntad del inquilino del Kremlin.

La cuestión de Centroamérica fue más peliaguda porque Reagan adoptó una posición más intransigente, la situación de Nicaragua la convirtió Reagan en un asunto ideológico de primer orden que a punto estuvo de costarle el “impeachment” por las contradicciones en que incurrieron sus colaboradores más cercanos cuando se descubrió el asunto Iran-Contra.

En Oriente Próximo la situación parecía dar un vuelco favorable a la paz cuando Yasir Arafat, en 1988, admitió el derecho de Israel a la propia existencia como Estado. Mientras en el Golfo Pérsico, Reagan había borrado a Irak de su lista de países terroristas (confiaba en que esto podía ser una buena baza contra la URSS) y se produjo el incidente del destructor Stark (mayo de 1987) que provocó una serie de ataques contra aviones civiles en la zona.

En Europa, Gorbachov se planteaba la conveniencia de desplegar los nuevos misiles SS-20. Reagan seguía apoyando al sindicato Solidaridad en Polonia y se mantenía un boicot tecnológico a la URSS que molestó a los aliados europeos porque entorpecía el proyecto de construcción de un gaseoducto. En octubre de 1986 se produjo la cumbre de los dos presidentes en Islandia, en la cual se resolvieron más cuestiones relacionadas con el desarme que todos sus predecesores juntos, aunque Gorbachov hizo casi todas las concesiones.

CONTROL DE ARMAS

Desde marzo de 1983, Reagan había sacudido los cimientos de la contención aprobando el proyecto IDE como parte de su estrategia de doblegar a los soviéticos. Gorbachov se pasó mucho tiempo discutiendo sobre contramedidas a esta Guerra de las Galaxias y solo consiguió acordar con Reagan la desmilitarización del espacio. Este proyecto fue el único obstáculo que impidió alcanzar un acuerdo de destrucción de todas las armas nucleares propuesto por Reagan.

El Reagan del segundo periodo fue el que firmó el acuerdo INF en 1987. El tratado eliminó los misiles cuyo rango estuviera entre 500 y 5.500 kilómetros. Con ello se procedió a destruir 846 por parte de los EE.UU y 1.846 por parte de la Unión Soviética. Bajo este tratado, ambas partes tenían permiso, por primera vez,  para inspeccionar las instalaciones militares del otro. Este principio encaja con el proverbio ruso de “Confía pero comprueba”. Aparte del rechazo de ambos dirigentes a una confrontación nuclear, en el caso de Reagan, pudo influir la presión pública; en 1982 se produjo la mayor concentración de la historia para protestar contra las armas nucleares.

El compromiso más claro con la reducción de armas lo tuvo el presidente Gorbachov, cuando pidió, en la ONU, eliminar la ideología de las relaciones internacionales (principio contrario al pensamiento estalinista vigente hasta entonces en la URSS) y cuando anunció una relación unilateral de las Fuerzas Armadas en el Ejército Rojo.

¿GANÓ REAGAN LA GUERRA FRÍA?

Muchos analistas han debatido esta cuestión, porque supondría una preponderancia ideológica extrapolable a todo el Globo. No se puede negar que la agresividad militar del primer mandato de Reagan supuso un problema para el sistema soviético, con unos dirigentes envejecidos que no pudieron afrontar los desafíos económicos con los recursos adecuados. El mandato de Gorbachov, si bien liberó a la URSS de algunas de sus obligaciones militares, no fue lo suficientemente decidido como requería la situación, albergando el descontento, tanto de los elementos más decididamente comunistas, como de los que esperaban un rebrote de la economía que aligerase las penurias de la población civil. La brecha entre un sistema fuertemente apegado a una ideología que no se había adaptado a los tiempos modernos (especialmente combatiendo la corrupción de sus élites) y otro que aprovechaba los avances tecnológicos para impulsar unos hábitos de consumo que proyectaba a lo más alto el poder de los estados europeos, fue, probablemente, la causa real del colapso de la URSS.

Pese a que Reagan puso mucho de su parte para evitar una conflagración nuclear y llevó a cabo una contraofensiva ideológica en el Tercer Mundo, que ocasionó muchos quebraderos de cabeza a los soviéticos, parece ser que la debilidad interna de la URSS ya era patente sin esta presión añadida.

Las concesiones de Gorbachov jugaron un papel trascendental para mejorar la imagen de la URSS, sobre todo la exterior, pero no fue suficiente para reformar una Administración rígida y corrupta, incapaz de tomar conciencia de las necesidades ciudadanas. Por otro lado, si admitimos la hipótesis de que Reagan ganó la Guerra Fría, resulta evidente que este logro se consiguió a costa de pagar un precio muy alto como fue desatender los problemas nacionales de los EEUU, que heredaron los presidentes que sucedieron a Reagan.

@salenko1960, agosto 2017

[1] Los pueblos Potemkin hacen referencia a los creados por el Duque Grigori Potemkin con figurantes que representaban el papel de felices aldeanos cuando la zarina Catalina II de Rusia pretendió visitar la recién conquistada península de Crimea. Con este ardid logró encubrir la verdadera situación catastrófica de la región.

 

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El líder, el contralider y el pagafantas.

No hay nada que cohesione más a un grupo humano que tener claro el enemigo al que combatir. Esto fue lo que pasó en la segunda guerra mundial, la agresiva política de Hitler le granjeó enemigos por toda Europa hasta que midió mal sus fuerzas y decidió declarar la guerra a los Estados Unidos.

Cuando estuvo claro que el tercer Reich consideraba los territorios rusos como zona de interés, su política expansionista le jugó una mala pasada, como se la jugó en su día a Napoleón Bonaparte (vencido por el Zar Alejandro I aplicando, por primera vez, la táctica de tierra quemada).

Una vez que Stalin se recuperó del estupor que le produjeron las primeras noticias sobre la Operación Barbarroja (la operación militar por la que los alemanes penetraron en Rusia para echar del poder a los bolcheviques y arrebatarles el control de la Unión Soviética), se puso a la tarea de proteger a la Madre Rusia de los ataques de su antiguo aliado (pacto Molotov-Ribbentrop) y movilizar al depuradísimo ejército rojo para salvaguardar el sistema Marxista-Leninista.

De esta manera, Winston Churchill vio con alivio la creación del frente oriental y, aunque siempre se consideró un ferviente anticomunista, pensó que este acontecimiento le abría una “ventana de oportunidad” para librarse del acoso nazi. El Imperio británico se dispuso a librar una guerra más larga y, con la ayuda de los EEUU, vencer al Reich.

La imagen que ilustra este artículo es, precisamente, la de los tres principales aliados cuando se reunieron en Teherán en 1943, en ese momento no se oía hablar de Guerra Fría pero se estaba fraguando ante la perspectiva de una previsible derrota del Fascismo Totalitario y la amenaza que, para los gobiernos capitalista-burgueses, suponía la llamada Komintern ó III Internacional.

Los tres personajes se entendieron desde el primer momento, pasaron sin grandes dificultades por encima de sus diferencias ideológicas y se centraron en los enemigos comunes: Adolf Hitler (en Europa y África) y el Imperio japonés (en Asia). No fue difícil establecer las prioridades: primero, acabar con el Reich acosándole desde los dos frentes (aunque el frente occidental, reclamado por Stalin, tardó medio año en abrirse con el desembarco en Normandía).

En este trío, opino que el papel fundamental recae en Churchill, sus conocimientos históricos y militares le daban una cierta ventaja psicológica sobre los otros dos. Stalin se había fajado como revolucionario contra la policía zarista y estaba acostumbrado a combatir a los enemigos internos, pero no tenía una visión del mundo tan completa como la del Primer Ministro de su Majestad Jorge VI. Por el otro lado, Franklin D. Roosvelt había defendido públicamente el no intervencionismo de los EEUU en el conflicto europeo. Churchill había buscado denodadamente la implicación de los americanos y su visión geopolítica era mucho más completa, porque aspiraba a salvaguardar tanto al Imperio Británico como a los valores democráticos que supuestamente lo legitimaban.

Aunque, en un primer momento, podemos considerar a Roosvelt como un personaje secundario frente a los otros dos, su papel de representante de potencia económica de primer nivel ya estaba consolidado, su capacidad productiva y su fortaleza financiera estaban fuera de toda duda, pero se trataba de un hombre enfermo, muy poderoso políticamente pero físicamente debilitado. Por este motivo le atribuyo un papel secundario dentro del trío, aunque las cosas fueron cambiando con el paso del tiempo.

El término pagafantas no pretende ser despectivo sino ilustrativo. Pretendo describir el papel de un personaje que actúa movido por su “buenismo”, por su deseo de dejar un mundo más seguro cuando los otros dos se querían destruir (una vez acabaran con Hitler).

La historia nos dice que sólo el georgiano logró mantener el poder al término de la contienda, pero la acrisolada unión de los representantes británicos y norteamericanos fue un considerable contrapeso para poner freno a la revolución proletaria en Europa (y la revolución campesina en Asia y el resto del mundo). De eso trata la Guerra Fría, de imponer un modelo de estado, un sistema de relaciones de poder a escala planetaria.

22 de noviembre de 2016

@salenko1960

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LA REBELION DE LAS MASAS

EL  PAIS  13-02-2015   —    BELEN BARREIROS

 

Resumen elaborado por el Señor X para guerrafria.eu

 

En los últimos años se ha producido una fractura en la sociedad española que podría determinar el éxito o el fracaso de muchas organizaciones que vertebran nuestra democracia y nuestra economía de mercado (partidos políticos, corporaciones, empresas y bancos). Esta fractura separa a votantes y consumidores, muchos de los cuales sufren las consecuencias de la crisis.

La manifestación más clara de la fractura entre élite y ciudadanía es la irrupción de Podemos.

Según un estudio del Pew Research Center de 2007, el 67% de los españoles aseguraba que el mejor sistema para nuestro país era una economía de mercado. En 2014, el respaldo a la economía de mercado había caído 22 puntos, situándose en el 45%.

Según Mikroscopia, un estudio de Myword que no mide el respaldo genérico al sistema capitalista, pero sí a sus protagonistas, el 25,5% de los ciudadanos ha sentido durante el último año rechazo hacia las grandes empresas y multinacionales. La desconfianza hacia el mundo financiero es aún mayor, el 36,5%. Nace, por tanto, un nuevo tipo de consumidor, el consumidor rebelde, que no es necesariamente subversivo o radical, pero que si ha sufrido los estragos de la recesión. Según el estudio, el 54% de los ciudadanos admite haber pasado a una clase social inferior como consecuencia de la crisis. Con todo, ni siquiera quienes no han variado de estrato social son del todo ajenos a este sentimiento de rechazo: el consumidor rebelde, como el votante rebelde, es también transversal.

La fractura élite-ciudadanía, tanto en el ámbito económico como en el político, ha ido acompañada de otro cambio social enormemente relevante. Los ciudadanos han buscado, por sí mismos y dentro de la propia sociedad, algunas de las soluciones que las grandes instituciones de la democracia y del mercado no les han dado.

En política, los ciudadanos se han convertido en protagonistas: han aumentado el interés por la política, se ha disparado la movilización ciudadana, han surgido nuevos partidos. Según las series del CIS, el interés por la política crece en 8 puntos porcentuales desde antes de la crisis.

Según Mikroscopia, las nuevas formas de compra y de consumo alternativos y colaborativos surgen con más fuerza entre los consumidores rebeldes que entre el resto de los ciudadanos: el intercambio de productos y servicios es 6,4 puntos porcentuales más alto, como también lo es la compra o venta de productos de segunda mano (13,7 y 8,3 puntos más, respectivamente), compartir productos y servicios que antes se compraban (6,1 punto más), la compra en establecimientos de consumo responsable (8 puntos más) y la participación en grupos de consumo y compras colectivas (2,8 y 5 puntos más, respectivamente).

Además, la crisis económica actual se produce en un contexto de digitalización veloz de la sociedad. La acción conjunta de los dos propulsores del cambio, la recesión y la revolución tecnológica, es una bomba de relojería para las instituciones y organizaciones asentadas que no sepan descifrar los códigos de la sociedad en red; por otro lado, constituye asimismo una gran oportunidad para las organizaciones o proyectos que sí sepan hacerlo.

La sociedad digital ha creado un nuevo tipo de ciudadano y consumidor, en Red, que forma parte de una comunidad de personas ávidas de información, en permanente intercambio de opiniones sobre acontecimientos, servicios, productos o marcas, y siempre alerta y dispuesta a contrastar la veracidad de lo que se dice y la coherencia de lo que se hace. El ciudadano en Red es exageradamente exigente con las organizaciones políticas y económicas, en lo que ofrecen y en como lo ofrecen. Y es poco manipulable.

Las instituciones nacidas en la era analógica se han adaptado peor a las demandas de una sociedad digital. Según los datos del CIS, menos de la mitad de los votantes del PP y del PSOE se han conectado en los últimos tres meses a Internet, mientras que los de Podemos, lo han hecho prácticamente el doble. En el caso del PP, la situación es especialmente crítica: entre los jóvenes de 18 a 24 años, nativos digitales, el PP obtiene menos del 5% del voto. Lo mismo ocurre con algunas empresas nacidas en la era analógica, muestran dificultades y de no reaccionar a tiempo pueden peligrar.

La crisis económica y la revolución tecnológica están cambiando nuestra sociedad profundamente. La recesión ha dañado a demasiadas personas. Se ha producido una fractura social que ha deteriorado las bases de apoyo a los partidos, empresas, corporaciones y bancos tradicionales. Reconciliar al ciudadano con el sistema político y económico es probablemente el reto más importante que no sólo los partidos políticos, sino también las grandes corporaciones, tienen ahora mismo por delante.

 

                                      Belén Barreiros es directora de Myword y expresidenta del CIS

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El inicio de la GF

Tras una guerra que había consumido los recursos de las potencias enfrentadas, parece razonable conocer cómo y por qué se desembocó en una guerra no declarada que terminó por colapsar a una de las dos grandes superpotencias vencedoras. ¿Cuándo se dieron cuenta los soviéticos de que terminarían en guerra con el mundo capitalista? ¿Cuándo los norteamericanos dejaron de confiar en su aliado comunista?

Los acuerdos de Yalta y Potsdam dejaron definidos unos espacios geográficos en los que se aceptó que, para garantizar la seguridad del estado soviético, se daría prioridad a la URSS para influir en los acontecimientos políticos de esos estados europeos y asiáticos. Lo llamaron el área de influencia soviética.

Tras finalizar el conflicto, el mapa de Europa mostraba signos de confrontación en ciertas áreas de los Balcanes, Oriente Medio y Manchuria. El desgaste sufrido por el Imperio Británico dio paso a un proceso de descolonización que pronto dejaría de estar controlado por la corona. En ese momento los Estados Unidos no aspiraban a ocupar ni una sola hectárea de terreno fuera de sus fronteras, pero se daban cuenta de que los recursos y la influencia geopolítica estaban relacionados con su actividad comercial. Poco a poco se fueron concienciando de que debían abandonar su tradicional aislacionismo y propiciar un modelo de relaciones internacionales que favoreciese el intercambio pacífico entre todos los estados.

En esos primeros meses de postguerra, Stalin sabía que la situación geopolítica era poco tranquilizadora para la URSS. Dio órdenes de acelerar las investigaciones para dotarse de una bomba atómica y el 9 de febrero de 1946 anunció, en un patriótico discurso en el teatro Bolshói, que la expansión del comunismo justificaba nuevos sacrificios  y que el movimiento revolucionario tendría que volverse a enfrentar a los intereses del capitalismo y del imperialismo, lo que suponía una sentencia de muerte para la gran Coalición.

Cuando el gobierno norteamericano pidió explicaciones a su embajada en Moscú acerca del motivo por el que los soviéticos rechazaban incorporarse a las instituciones financieras que se habían creado en el nuevo marco de cooperación generado por las recién creadas Naciones Unidas, la respuesta del diplomático George Kennan, conocida como “Telegrama largo”, les recordó que la URSS siempre había sido una potencia revolucionaria enfrentada contra los estados burgueses, poco sensible a los razonamientos lógicos y muy respetuosa con las posiciones respaldadas con ayuda de la fuerza.

Poco después se produjo el discurso de Churchill en Fulton (Misuri), invitado personalmente por el presidente Truman cuando ya había pasado a la oposición en el Reino Unido. Algunos de sus pasajes fueron considerados belicistas por el gobierno de Stalin y comparados con la actitud de Hitler. En esencia, Churchill denunció la situación europea tras los primeros meses de ocupación soviética en países como Alemania, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumanía, además de las repúblicas bajo control soviético. Al denunciar la forma en que se estaba impidiendo el desarrollo de la democracia en estos países (que cayeron bajo la esfera de influencia soviética), alertó a la sociedad norteamericana de que se preparasen para la confrontación.

Hay que tener en cuenta de que, tras el final de la II Guerra Mundial, los aliados se encontraron con una situación interna radicalmente distinta. Mientras en Estados Unidos, la economía se adaptó fácilmente a una nueva realidad en la que el consumo interno pasaría a sostener la actividad productiva y facilitaría la recolocación de los ciudadanos desmovilizados; en Gran Bretaña se había votado un cambio radical en la forma de gobernar: cuando Churchill ofrecía mantener el imperio británico para consolidar su modelo de civilización cristiana, Clement Attlee le superaba en las urnas con un discurso que prometía a los británicos ocuparse de las mejoras en sus condiciones de vida. Pese a ello, no pudo evitar que la posguerra fuese más dura que la propia guerra, en términos de desabastecimiento, ni que volviesen las cartillas de racionamiento, justificadas en parte porque había que atender a los compromisos británicos en el continente europeo.

La reacción de la Unión Soviética puede considerarse desproporcionada. Stalin volvió a recuperar los valores imperiales y dejó en segundo término las preocupaciones de la ciudadanía para garantizar el asunto de la seguridad nacional. Internamente, volvieron las purgas en el partido y en el ejército, dejando claro que una actuación heroica en el campo de batalla no garantizaba la impunidad por acercar posturas ante las posiciones del bando angloamericano. Externamente, se dijo que esto hacía viable el espacio de influencia soviética.

La situación en Irán, ocupado por fuerzas soviéticas y británicas, la relacionó con antiguas aspiraciones territoriales de las repúblicas soviéticas colindantes (Armenia, Georgia y Azerbaiyán). Pretendió presionar a Turquía e Irán para acercarlas a los posicionamientos de la URSS y solo desistió de este propósito cuando Truman envió al acorazado Missouri a la zona de los estrechos turcos y cuando Naciones Unidas rechazó ampliar el plazo para la acordada retirada del ejército rojo del territorio iraní.

Se había puesto de manifiesto que las diferencias ideológicas entre el comunismo y el modelo angloamericano (que no capitalismo), justificaba un enfrentamiento por la supremacía universal. La dictadura del proletariado entraba en una guerra no declarada contra la democracia representativa. Ninguno de los dos contendientes deseaba ser considerado como el iniciador de las hostilidades, pero las víctimas y los muertos de esta contienda se fueron sucediendo en diferentes escenarios del mundo entero hasta que, en 1991, se desintegró la Unión Soviética.

@salenko1960

 

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La Guerra Fría. Una breve introducción

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Siguiendo el libro de Robert J. McMahon que da título a este artículo, pretendo hacer un breve resumen y comentario que ilustre lo reflejado por este profesor de la Universidad Estatal de Ohio.

Para empezar, McMahon distingue cinco periodos en este espacio histórico que arranca con el final de la segunda guerra mundial y termina con la unificación de Alemania en 1990. El primero de estos periodos comienza con los acontecimientos que tuvieron lugar desde el año 1945 hasta el 1950, diferenciando los hechos que se desarrollaron en el escenario europeo (alrededor de los países fronterizos con la URSS) y el asiático (preferentemente los sucesos revolucionarios de China, la descolonización de Indochina y la ocupación de Japón).

El segundo periodo lo denomina “Una Guerra Fría Global” y alcanza hasta 1958. En este periodo lo significativo fue la actitud norteamericana, contradictoria respecto a las armas nucleares. Desde que la URSS se hizo con la bomba atómica, los estadounidenses manifestaron en público y en privado la locura que suponía que ninguno de los dos bandos pudiera ganar una guerra contra el otro bloque, sin embargo, se esforzaban por alcanzar una clara superioridad.

Posteriormente llegamos a un periodo de inflexión denominado por McMahon “De la confrontación a la distensión” y que abarca hasta 1968. Tras alcanzar su etapa más peligrosa con la crisis de los misiles en Cuba, las relaciones entre las dos potencias se suavizaron considerablemente, debido a razones sociopolíticas internas.

Los próximos once años los denomina de “ascenso y caída de la detente” , siendo el periodo de máxima colaboración entre el secretario general del PCUS Leonidas Breznev y los presidentes norteamericanos Richard Nixon, Gerald Ford y Jimmy Carter. Se extiende hasta el año 1979.

Los últimos once años de este periodo histórico abarcan desde 1980 hasta 1990, McMahon lo denomina “La fase final”. Tras la caída del “Muro de Berlín” el canciller Helmut Kohl se propone la reunificación alemana y lo logra explicando al Kremlin lo anacrónico que resultaba vincular la seguridad de la Unión Soviética a la existencia de unos regímenes satélites sumisos en la Europa del Este. Al aceptar los soviéticos la existencia de una Alemania unificada e integrada en la OTAN, el libro considera que se puede dar por terminada la Guerra Fría.

La Guerra Fría se puede considerar una contienda ideológica. Pese a que arranca con la excusa de asegurar un mundo en paz, las razones políticas se impusieron a las morales. Únicamente la amenaza de una hecatombe nuclear hizo que se frenaran los argumentos expansionistas e intervencionistas de ambas potencias para impedir la propagación de las ideas “equivocadas” del otro bando, lo que no impidió que se llevaran a cabo numerosas guerras, crisis y conflictos de alcance limitado. En este sentido, se puede pensar que el papel de la ONU fue satisfactorio, pero este periodo de relativa paz se puede considerar fallido por el auge de los subterfugios, la represión de las voces críticas y el silencio al que fueron sometidos los que exponían sus ideas sobre un mundo mejor, sin perder de vista los planteamientos morales que, por ejemplo, se formularon desde algunos puntos de luz como la “Escuela de Fráncfort”.

Fue el periodo en el que el ser humano alcanzó hitos fundamentales para el desarrollo de la tecnología, como la exploración espacial, el avance de la informática personal o el desarrollo de las comunicaciones globales que dieron paso a la televisión o a Internet. Solo nuestra conciencia plena sobre los avances que para la especie humana supuso este periodo (sin olvidar los inmensos errores que se llevaron por delante millones de vidas entre disidentes, objetivos civiles y víctimas inocentes), podrá hacernos ver el verdadero sentido de este periodo y su trascendencia para convertir la vida humana en sostenible, justa y equilibrada.

@salenko1960